Viaje al pasado en tren


 
 Tomo el colectivo que me lleva a Retiro, es un día nublado y voy en camino al encuentro con la historia ferroviaria de la Argentina, tal vez influenciada por mi artista favorito Carlos Regazzoni, que promovía la cultura ferroviaria. La línea 100 me deja justo enfrente. 
 
 La entrada tiene pisos de adoquines, paredes de ladrillo de cuando funcionaba como un edificio de encomiendas, una reja de hierro y material ferroviario como una pequeña locomotora. Al costado, una obra en construcción que pertenece a la nueva ala del museo. Me encuentro ante el Museo Nacional Ferroviario Raúl Scalabrini Ortiz, que debe su nombre al creador de la comisión pro estatización del ferrocarril, aprobada en el año XXXC por el entonces presidente argentino, Juan D. Perón. Este es uno de los 100 museos ferroviarios y el más importante del país.
Sé que en este museo se encuentra la mesa donde firmó el decreto. Entro y se me acerca el encargado de seguridad. 
 — ¿Qué precisás? —pregunta amablemente.  
Le digo que tenía una visita pactada y me acompaña a la mesa de entradas, donde me atiende una joven de unos treinta y tantos años. 
  
 todo es antiguo. Mientras espero sentada en un banco de madera que perteneció a una estación de trenes, observo varios objetos: un reloj -sin las agujas- que miro por algunos minutos porque tengo la sensación de haberlo visto en la estación de Constitución cuando era chica, un maniquí con un traje de un trabajador de hace décadas, y una maqueta con una réplica de un tren a vapor.  
En el entrepiso funciona el centro de estudios ferroviarios como anexo del archivo, donde se guardan las fichas de personal , fotografías y registros de inauguraciones de estaciones al que cualquiera puede acceder. 
 También hay personal de limpieza y maestranza ultimando detalles para “La noche de los museos” , el evento en el que una vez al año más de trescientos museos abren de noche. 

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Empiezo la recorrida con el guía y encargado del museo. Luego de despedir a un contingente de chicos de un colegio primario, se acerca y se presenta como Mario Torres.  
 
—Empecé hace treinta años en la estación Boulogne—. En su cara se ve el orgullo con el que habla sobre su profesión mientras me guía por el museo, y se interrumpe a cada rato por culpa de mis miles de preguntas. 
Veo los objetos, hay telégrafos, faroles, maquetas. Al final del recorrido, en el fondo del museo, es donde están los tinglados y dos locomotoras. Una es la llamada “Patria” del año 1896 y la otra es el coche presidencial “Of one” de 1954 que trasladó al Papa Juan Pablo II cuando visitó Argentina en 1982. Allí veo personal alistando las unidades para la Noche de los Museos, el evento más importante de los museos de la Ciudad de Buenos Aires. Este es el fin del recorrido, saco fotos y me voy con la promesa de volver.  
 
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  Llegó el momento más esperado: la noche de los museos 
Después de todos los preparativos es el gran día, la gente ya está en la puerta y los empleados del museo los reciben. Creo que hay cerca de mil personas, pero son muchas más porque el encargado de prensa comentó que fueron seis mil las personas que visitaron el museo. 
Se hace el recorrido, las personas miran a su alrededor la historia de los trenes, en el patio del museo están las estrellas en el cielo , la gente disfruta pasando un buen momento mientras comen en los food trucks. 
 El evento fue un éxito según puede verse en la cara de los trabajadores del museo .